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A sus 94 años, Luis Eduardo Grajales conserva el entusiasmo, la inteligencia y el interés por el Club, por esto, se contactó con nuestra publicación vía Internet y nosotros, gustosos, lo entrevistamos para que nos contara pormenores de los inicios de la Institución. Revista: ¿Cuál es el primer recuerdo que tiene de El Rancho? Luis Eduardo Grajales: Aproximadamente, en el año l966, la empresa Bavaria había construido un hermoso “rancho” cubierto de paja en un terreno de su propiedad. Éste se encontraba ubicado sobre la autopista y estaba lujosamente amoblado con el fin de que fuera utilizado para crear un club social y deportivo para el uso de todo su personal. R.: ¿Cuánto tiempo duró en funcionamiento ese primer club? L.E.G.: Lastimosamente no duró nada. La inauguración se hizo con una gran orquesta y finos licores, pero, hacia la media noche, como era de esperase, se presentaron imprudentes diferencias entre jefes y subalternos, por esto, la fiesta fue suspendida y el club clausurado. R.: ¿Entonces cómo comenzó la historia del Club Campestre El Rancho?
L.E.G.: Días después de este incidente, un pequeño grupo de compañeros de Bavaria, entre los cuales recuerdo a Julio Díaz, Guillermo Montejo, Mario Romero, José María Rodríguez y Campo Eduardo Pinzón; nos reunimos con el fin de proponerle a la empresa la compra del Club y ésta ¡como estaba “enhuesada”! aceptó nuestra oferta. Nos dijeron que nos vendían las instalaciones gustosos, por un precio muy por debajo de valor real y con todas las facilidades de pago… ¡así concretamos el negocio!
R.: ¿Cómo llegó a ocupar el cargo de gerente? L.E.G.: Los amigos que logramos el acuerdo, declaramos a la Institución como entidad privada, bajo el nombre de Club Campestre El Rancho. Y a mí, que en días anteriores había obtenido mi pensión en Bavaria, me designaron como el primer gerente… en ese cargo estuve un largo tiempo y gracias a Dios realicé una labor que considero exitosa.
R.: ¿Cómo se vincularon los primeros socios?
L.E.G.: Con los fundadores dijimos: “vamos a poner a funcionar esto y a darle caché”. Contratamos un excelente cocinero y le pusimos un valor alto a la acción, luego, como se utilizaba en la época, hicimos propaganda en los periódicos y comenzó a llegar la gente atraída por la ubicación y las instalaciones… El inicio de El Rancho fue tan exitoso que las personas más prestantes se salieron de otros clubes para formar parte del nuestro.
R.: ¿De los primeros empleados a quiénes recuerda?
L.E.G.: El cocinero, José Santos, ¡era una maravilla!... medio maleducado, malgeniado, pero gran cocinero. También recuerdo al capitán de meseros que se convirtió en mi mano derecha. Ellos hacían las cosas con mucho cariño porque el trato era de lo mejor.
R.: ¿Cuáles eran los eventos sociales de la época?
L.E.G.: Hacíamos los bailes de aniversario que eran a todo “teque”, pero, en particular, recuerdo las “empanadas bailables” en las que los jóvenes eran los protagonistas, ellos disfrutaban al máximo de los SilverStar, la agrupación que contratábamos y que estaba de moda.
R.: ¿Cómo eran las áreas deportivas?
L.E.G.: El Rancho tenía un lago con barcas, una cancha de tejo y un golfito. Luego llegó el tenis y se construyeron dos canchas; posteriormente unos socios, que venían del Club Fontanar, pidieron permiso para traer la hípica y ésta se convirtió en una de las áreas más importantes, enseguida se hizo la piscina y, poco a poco, el Club fue dejando ser sólo social y tomó cada vez más fuerza a nivel deportivo.
R.: ¿Cuál es el momento que más recuerda de su trabajo como gerente del Club?
L.E.G.: Por iniciativa del socio y amigo Jorge Ferro, el entonces presidente electo, Carlos Lleras Restrepo, fue invitado a El Rancho para disfrutar de un banquete junto a su cuerpo diplomático; y nosotros, con la gran colaboración del cocinero José Santos, nos le medimos a semejante responsabilidad. Recuerdo que ese día el Club estaba lleno de ejército y, cuando llegó el homenajeado, sonó el Himno Nacional y se siguieron todos los protocolos. Al finalizar el evento, que salió perfecto, nunca olvidaré que el presidente me mandó a llamar para decirme: “yo he comido mucha langosta en la vida, pero nunca una tan deliciosa como la de El Rancho”… este fue un gran elogio para mí y mi equipo de trabajo, y creo que desde esa época se ha conservado la excelente cocina en el Club.
R.: ¿Cómo será recordado en la historia de la Institución?
L.E.G.: Aparte de mi gestión como gerente, yo fundé el boletín que, espero, se haya convertido en la linda revista que hoy día existe. También, por mi facilidad para el dibujo, fui quien creó el escudo que, actualmente, sigue identificando a los socios del Club Campestre El Rancho.
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